Artículos
¿Debería interesarse el Trabajo Social por la Teoría Analítica?
¿Debería interesarse el Trabajo Social por la Teoría Analítica?
Ehquidad: La Revista Internacional de Políticas de Bienestar y Trabajo Social, núm. 26, pp. 187-214, 2026
Asociación Internacional de Ciencias Sociales y Trabajo Social

Recepción: 19 Noviembre 2025
Revisado: 23 Febrero 2026
Preprint: 23 Mayo 2026
Aprobación: 01 Junio 2026
Publicación: 01 Julio 2026
Resumen: Este artículo propone una reflexión teórica sobre el Trabajo Social desde la perspectiva de la Teoría Analítica, con el objetivo de fortalecer su base científica y epistemológica. Se plantea como el análisis mediante mecanismos sociales —centrado en las acciones de los agentes, sus creencias, deseos y oportunidades— permite una comprensión más precisa y profunda de los fenómenos sociales, superando enfoques meramente descriptivos o correlacionales. La metodología empleada es de carácter teórico-conceptual, basada en la revisión crítica de autores como Elster, Hedström, Boudon, Coleman, entre otros/as. A través del estudio de modelos explicativos y niveles de causalidad, se construye un marco analítico que vincula la acción individual con los efectos sociales agregados, especialmente útil en contextos abiertos y dinámicos a los que se enfrenta el Trabajo Social. Entre los resultados más relevantes, se destaca la utilidad de esta perspectiva para descomponer procesos complejos en elementos inteligibles, lo que facilita tanto la comprensión como la intervención profesional. Se identifican distintos tipos de mecanismos —subintencionales, supraintecionales e intencionales— y se analizan sus efectos en la práctica social. Se concluye que el Trabajo Social puede beneficiarse significativamente de la Teoría Analítica, al incorporar herramientas que permiten explicar la realidad social con mayor rigor y claridad. Esta propuesta invita a superar visiones idealizadas de la disciplina y avanzar hacia una práctica profesional más crítica, fundamentada y transformadora.
Palabras clave: Teoría analítica, Trabajo Social, Mecanismos Sociales, Explicación Causal, Individualismo Metodológico.
Abstract: This article offers a theoretical reflection on Social Work from the perspective of Analytical Theory, aiming to strengthen its scientific and epistemological foundations. It argues that analysis through social mechanisms—focused on agents’ actions, beliefs, desires, and opportunities—enables a more precise and in-depth understanding of social phenomena, going beyond merely descriptive or correlational approaches. The methodology used is theoretical-conceptual, based on a critical review of authors such as Elster, Hedström, Boudon, and Coleman, among others. Through the study of explanatory models and levels of causality, an analytical framework is constructed that links individual action with aggregated social effects, particularly useful in open and dynamic contexts faced by Social Work. Among the most relevant findings, the usefulness of this perspective is highlighted for breaking down complex processes into intelligible elements, facilitating both understanding and professional intervention. Different types of mechanisms—subintentional, superintentional, and intentional—are identified and their effects on social practice are analyzed. It is concluded that Social Work can significantly benefit from Analytical Theory by incorporating tools that allow for a more rigorous and clear explanation of social reality. This proposal encourages moving beyond idealized views of the discipline and advancing toward a more critical, well-founded, and transformative professional practice.
Keywords: Analytical Theory, Social Work, Social Mechanisms, Causal Explanation, Methodological Individualism.
1. Introducción
¿Es posible aplicar la ciencia al trabajo social? ¿Realmente se hace ciencia desde la disciplina del trabajo social? Si clásicas de la disciplina como Mary Richmond y James Adams se paseasen por nuestras aulas y escucharán que en el siglo XXI, todavía se formulan estas preguntas, posiblemente se llevarían una desagradable sorpresa.
¿Cómo es posible, que a día de hoy la pregunta siga suscitando escepticismo o respuestas negativas, y que los debates en torno a ella sean previos a cualquier reflexión rigurosa sobre las aportaciones sociales y la contribución del Trabajo Social al entendimiento de fenómenos sociales?
Alguna reacciones adversas, también desde la academia: 1) recriminan la desafección al cuantitativo y cierta falta de modelizaciones formales; 2) la tendencia en los supuestos discursos teóricos a jugar con la sugerencia y la metáfora, prescindiendo de precisión y mucho menos la explicación; 3) la ampara de la complejidad para justificar el impedimento de estudiar científicamente la ontología del fenómeno; 4) cierto tendencia a la escolástica con explicaciones sistémicas que intentan sustentarse empíricamente con ciertos fines; etc. Esto ha contribuido al desorden intelectual de la disciplina e institucional, y es una situación que más que hacernos caer en la desidia tendríamos que plantearnos seriamente la situación, por lo menos desde la Academia que se pretende científica.
Con el objetivo de avanzar hacia un Trabajo Social de base científica, se considera pertinente adoptar la propuesta que Elster (2015, p. 455) denomina 'Giro analítico', subrayando la relevancia de la claridad y la explicitud en las explicaciones. Siendo conveniente que los estudiantes de Trabajo Social, que serán las nuevas generaciones en la disciplina, tengan presente que el Trabajo Social riguroso no pasa, necesariamente por el positivismo, sino por realizar un trabajo comprometido con los valores epistémicos y estéticos que han sido una constante en las “clásicas” de las científicas en Trabajo Social. Ha llegado el momento de superar las “pulsiones románticas y adolescentes” de sentirse especial, rebeldes, auténticos y abrazar la rigurosidad y la seriedad epistemológica que exige el análisis crítico de la realidad social.
Cabe dejar constancia que un pul considerable del trabajo práctico y científico de los trabajadores sociales cumplen con los estándares del rigor y calidad contribuyendo con sus aportaciones en la disciplina de las Ciencias Sociales.
El presente artículo, pretende una aproximación teórica al análisis de la acción social desde la perspectiva de la Teoría Analítica, con especial énfasis en la explicación basada en mecanismos sociales o microfundamentos, intentando establecer una “caja de cristal” que nos permita descomponer procesos complejos en elementos lo más simples posible. El objetivo final es la comprensión de los mecanismos causales que nos permitan entender los procesos y fenómenos en toda su complejidad (Noguera, 2010).
Dicha perspectiva puede resultar especialmente útil para el Trabajo Social, al permitir descomponer fenómenos sociales complejos en procesos inteligibles, centrados en la acción de los agentes, sus creencias, deseos y oportunidades. A través de un recorrido por los fundamentos epistemológicos, los niveles de causalidad y los tipos de mecanismos, se ofrece una herramienta conceptual para la comprensión y análisis de la práctica profesional en contextos sociales abiertos y dinámicos. Lo que es una excelente herramienta para incidir en los aspectos clave a la hora de intervenir.
Entre los autores que han realizado consolidadas contribuciones a esta perspectiva, podemos encontrar a James S. Coleman, Raymond Bodon, John Elster, Mancur Olson, Thomas Shelling, Albert O. Hirschman, Peter Hedström, Robert Axelrod, Philip Pettit, Margaret Gilbert, entre muchos otros/as, sin olvidar a Elinor Ostrom, premio Novel de Economía. Este artículo se basa en un apartado la tesis doctoral del autor, titulada INFLUÈNCIA I CONTRIBUCIÓ DELS CORRENTS TEÒRICS EN SOCIOLOGIA AL NAIXEMENT I CONFIGURACIÓ DE LA DISCIPLINA DEL TREBALL SOCIAL: EL CAS DE L’ESCOLA DE TREBALL SOCIAL DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA (1955-2013), defendida en la Universidad de Barcelona, y que se encuentra disponible en el siguiente enlace:
https://cercabib.ub.edu/discovery/fulldisplay?docid=alma991001907939706708
2. Explicación
La explicación, del latín explicatio, hace referencia a desplegar lo que estaba doblado o desenvolver. Etimológicamente, alude a desentrañar o explicitar lo que no es evidente o “visible”. Lo que resulta interesante para las ciencias sociales es poder explicar la emergencia, ya se trate de algo concreto, de un cambio de estado por su evolución en el tiempo, y los mecanismos por los cuales se ha llegado a ser lo que es, sin que necesariamente tenga que ser estable en el tiempo (Bunge, 1999).
En este sentido, los límites —no siempre claros— entre explicación y descripción se interrelacionan, pero proporcionan respuestas a preguntas diferentes. El Trabajo Social Analítico se centra en la explicación. A diferencia de las descripciones, que buscan ofrecer respuestas al “qué” de las preguntas, las explicaciones pretenden responder al “por qué”. Las explicaciones intentan ofrecer una respuesta sobre por qué ocurren los eventos, por qué algo cambia en el tiempo o por qué los estados o eventos co-varían en el tiempo y/o espacio.
La idea central de la explicación basada en mecanismos es la de explicar un fenómeno social refiriéndose a una constelación de entidades y actividades: agentes con capacidad proactiva y sus acciones, que están vinculados entre sí. La disección y la abstracción del explanandum son dos aspectos de una misma actividad, siendo el núcleo del enfoque analítico. El explanans debe ofrecer los “engranajes y ruedas” de los procesos sociales para hacer visible e inteligible el explanandum, sin olvidar que la entidad central son los agentes que conforman el sistema social objeto de estudio. Serán las acciones y conductas de los agentes las que conformen los procesos sociales, los eventos y los cambios sociales. Se asume que este comportamiento está dotado de significado, de intencionalidad, por lo que se puede explicar por qué hacen lo que hacen.
Como disciplina, el Trabajo Social no explica la conducta individual aislada. La acción de los agentes es la entidad central de la investigación social como paso intermedio en una estrategia de motivos que busca comprender el cambio a nivel individual englobado en el cambio social. Bajo estas premisas, la explicación parte de las acciones individuales de cada agente, basadas en sus creencias y deseos, para captar la emergencia y el posible cambio social (Hedström, 2005).
3. Particularidades de la Teorización en Trabajo Social
El conocimiento en las ciencias, especialmente aquellas que operan en sistemas cerrados, permite predecir eventos. Pero el Trabajo Social opera en sistemas abiertos, por lo que la posibilidad de predicción queda mucho más restringida o, más bien, no resulta posible. La actividad diaria del Trabajo Social, que en algunas ocasiones se ha denominado actividad especial del saber, permite identificar las siguientes características: la de explicar las conductas individuales de los agentes en su contexto, la de explicitar las normas sociales, interpretar sus características, sus condicionantes culturales y el orden social (Bauman, 2001; Castells, 2000; Habermas, 1984).
Si bien anteriormente se ha enfatizado que la explicación es diferente de la descripción, la explicación también es distinta de establecer tipologías y taxonomías. Establecer tipologías puede ser de gran utilidad para conformar la explicación, ya que permiten establecer un orden. Un ejemplo conocido pueden ser las tipologías establecidas por Esping-Andersen (1990) sobre los modelos del Estado del Bienestar. Sin olvidar el detalle de que es posible crear una tipología de explicaciones, pero no podemos tener unas explicaciones tipológicas.
4. Representación de los fenómenos sociales
El siguiente apartado sigue la estructura de la Figura 1 que Coleman (1990) utiliza para mostrar la singularidad de la explicación basada en mecanismos.
Los fenómenos sociales se explican en referencia a las acciones de los agentes, ya que son los agentes las entidades sociales dotadas de intencionalidad y causalidad.
La Figura 1 representa los fenómenos sociales, los cambios de los fenómenos sociales a lo largo del tiempo, y hace referencia a la explicación a nivel micro —subintencional, supraintencional y acciones individuales—.
Al intentar establecer una explicación utilizando el nivel macro (la flecha D), como podría hacerse a través de una correlación estadística, se llega a explicaciones causales superficiales. Esto no nos permitirá comprender los mecanismos generativos del explanandum. Para encontrar dichos mecanismos, debemos desplazarnos al nivel micro, observar cómo los fenómenos sociales influyen en las creencias, deseos y oportunidades percibidas por los agentes «esto hace referencia a las siglas en inglés DBO, desires, beliefs y opportunities ―ver Hedström, 2005) ―» (flecha A); el agente, tras ponderar los DBO, puede pasar a la acción (flecha B), y finalmente, el conjunto o agregación de acciones de los agentes implicados generará el explanandum (flecha C).
Este subapartado se ha estructurado según las diferentes fases (cada uno de los apartados que contempla la Figura 1, identificados mediante la numeración del 1 al 4). La fase 1 hace referencia a los antecedentes intencionales del fenómeno social que es objeto de estudio; la fase 2 se centra principalmente en los agentes intencionales, en la causalidad subintencional; en la fase 3 se abordan los mecanismos moleculares, supraintencionales, etc.; y finalmente, la fase 4 muestra los efectos emergentes o de composición. La Figura 1 presenta los conceptos que se tratarán posteriormente, todos ellos situados en las diferentes fases del proceso.

5. Causalidad y explicación causal
Antes de abordar la explicación basada en microfundamentos, es importante considerar los distintos tipos de causalidad según el campo de estudio. La causalidad subintencional se refiere a procesos mentales que ocurren sin intervención consciente, mientras que la causalidad supraintencional describe las dinámicas que surgen de la interacción entre agentes con intenciones propias.
Este enfoque no contradice necesariamente la Teoría de la Elección Racional (TER). Las explicaciones basadas en causalidad subintencional permiten entender cómo se forman o modifican las preferencias. Luego, el agente evalúa racionalmente las alternativas disponibles. Finalmente, las acciones individuales pueden generar efectos agregados que se explican mediante mecanismos de causalidad supraintencional.
Elster (1990), y en general los autores de esta última corriente, sostienen que la explicación de los acontecimientos sociales puede formularse adecuadamente en términos de:
a) Los antecedentes intencionales que lo causaron. Las causas pueden ser externas o internas. Lo realmente interesante es poder identificar qué mecanismo o conjunto de mecanismos actúan realmente. Las decisiones motivacionales están motivadas por sus intenciones, por lo que se trataría de mecanismos internos, cognitivos. Esta corriente se basa en el Individualismo Metodológico (IM). El IM entiende que los fenómenos sociales pueden explicarse en función de los individuos y sus comportamientos (Elster, 2002). En este sentido, la mayoría de estas investigaciones utilizan la estrategia de la microrreducción o microrreduccionismo —de abajo hacia arriba—, partiendo de los agentes concretos. El caso opuesto sería el de la macrorreducción, que centra la explicación del comportamiento de un componente de un sistema en términos del lugar que ocupa o de la función que ejerce en el sistema (Bunge, 1999).
b) La explicación de consecuencias agregadas, no intencionales, en términos de causalidad supraintecional. Es consecuencia de un agregado de conductas individuales no buscado intencionalmente. Los resultados de estas interacciones pasan entonces a ser caracterizados como agregados no intencionales que resultan de acciones no intencionales (Bunge, 1999).
Desde esta concepción, los fenómenos sociales dejan de verse como simples reflejos de la sociedad y la cultura, para presentarse como resultado de la capacidad humana de razonar y decidir. Existe una búsqueda intencional de la acción por parte de los agentes que interactúan en contextos socialmente indexados (Lizón, 2007).
La explicación basada en mecanismos causales se enfoca en vincular directamente los datos con las actividades o efectos observables. A diferencia de una regresión estadística, que no garantiza precisión ni identifica mecanismos específicos, este enfoque busca comprender las causas reales que influyen en el desarrollo (Sørensen, 1998).
mecanismos subintencionales y supraintencionales -vide supra-.
mecanismo causal,
mecanismos intencionales,
efectos intencionales,
efectos de composición,
sistemas intencionales, etc.
A veces, los conceptos que se manejan no cuentan con un acuerdo claro entre autores. En este subapartado se explorarán alguna de las diversas interpretaciones.
6. Intencionalidad o explicación intencional
En este apartado se abordan dos aspectos que están interrelacionados: la explicación intencional y la incidencia de los sistemas interactivos e interdependientes.
La explicación intencional de A se basa en demostrar que A es el resultado de una causalidad intencional que responde a una serie de conductas intencionales dirigidas a la búsqueda de un fin que aún no se ha realizado o alcanzado (Elster, 1990). Este tipo de explicaciones en Ciencias Sociales se fundamenta en dos premisas: 1) que las intenciones son estados mentales individuales, y 2) que toda acción se deriva de esos estados mentales.
Si se parte de esta ontología de la mente humana, la explicación basada en términos de individuos y sus estados mentales constituye el pilar de las explicaciones causales subintencionales. La explicación intencional será posible si somos capaces de establecer una relación lógica entre la conducta, el conjunto de creencias y los deseos de los agentes.
Boudon no establece una distinción clara entre mecanismos causales y mecanismos intencionales.
Boudon (1983), diferencia entre:
1. Sistemas interactivos con o sin decisión autónoma: comprenden aquellos sistemas altamente normativos, como los sistemas de interacción por roles según Merton, que tienden a reproducir contextos interactivos con escaso margen para la reacción estratégica (por ejemplo, el cambio del trueque a la economía monetaria) (Simmel, 1977).
2. Sistemas de decisión interdependientes: estos casos constituyen ejemplos paradigmáticos de interacciones gestionadas de manera intencional. Como expone Boudon (1983) en La desigualdad de oportunidades, las familias acomodadas tienden a mantener la continuidad educativa de sus hijos incluso ante un bajo rendimiento escolar, mientras que las familias menos favorecidas optan por dicha continuidad cuando el rendimiento académico es elevado.
Estos sistemas tienden a ofrecer distintos tipos de explicaciones. En el caso de los sistemas interactivos, la posibilidad de intencionalidad se encuentra muy reducida al tratarse de sistemas altamente normativos. En el caso de los sistemas interdependientes, los agentes gestionan la intencionalidad.
7. Los efectos
Las características o rasgos centrales permiten a Boudon (1983) distinguir entre:
1. Resultados con impacto individual o colectivamente buscado de manera intencional —resultado manifiesto—.
2. Efectos agregados no intencionales —resultados latentes—. Estos se distinguen según el impacto que tengan:
a. Positivo: fenómeno de la “mano invisible”.
b. Adversos: efectos perversos o no intencionados. En la mayoría de los casos, se trata de acciones que buscaban un determinado resultado pero que terminan teniendo consecuencias netas indeseables o no previstas.
En mayor medida, a las Ciencias Sociales y al Trabajo Social en particular les interesa este segundo caso o tipo de impacto, dado que su lógica parece escapar al control de sus propios gestores.
En los sistemas de interdependencia, aunque están conformados por agentes con voluntad propia, las consecuencias de sus acciones pueden escapar a su control. Estas dinámicas generan efectos que no responden a la intención de ningún individuo en particular, como ocurre con la división del trabajo, el oligopolio político o la anomia durkheimiana. Estos efectos se manifiestan como fuerzas impersonales, aunque son el resultado de estructuras de interdependencia proyectadas por los propios agentes (Boudon, 1981).
La Tabla 1 muestra algunos de los efectos que suelen tener mayor presencia.

8. Explicación basada en mecanismos
Cuando se habla de mecanismos, existe un debate entre los autores sobre si todo aquello a lo que se suele llamar mecanismo es realmente eso o, en función de la fase en la que se produce, se trata de cosas diferentes. En relación con el esquema de Coleman (1990) ―ver Figura 1―, autores como Elster (2002) hablan de mecanismos en la fase situacional y decisional, flechas A y B respectivamente. En el caso de Boudon (1983), en la fase transaccional, flecha C, hace referencia a efectos; distinción que no hace Hedström (2005), quien en todas las fases habla de mecanismos. Ante esta controversia, la posición adoptada en esta investigación es la de Hedström (2005).
La explicación mediante mecanismos requiere identificar un patrón causal particular, que podamos reconocer en diferentes situaciones y que ofrezca una respuesta inteligible a la pregunta de “¿por qué hizo él (el agente) eso?” (Elster, 2002, p.19).
Si A (a veces) B
Elster hace una distinción entre dos posibles categorizaciones de mecanismos: mecanismos de tipo A y de tipo B.
· Mecanismos de tipo A: surgen cuando la indeterminación afecta al conocimiento de cuál de las diversas cadenas causales posibles será la que se ponga en marcha (Figura 2).
Una explicación A también puede tener una explicación no A, lo cual no invalida a los mecanismos como explicación. La cuestión no es saber cuál de los eventos posibles tendrá lugar, sino cuál tenderá a dominar.
La Figura 2 y la Figura 3 representan, mediante las flechas, un proceso causal a través de (C), que puede dar lugar a un efecto (E). La flecha de puntos representa el “activador o desencadenante” de la causa, dado un estado de la situación (S).

· Mecanismos de tipo B (sistemas de procesos opuestos): surgen cuando podemos predecir la puesta en marcha de dos cadenas causales que afectan a una variable independiente en direcciones opuestas, con lo cual el efecto neto queda indeterminado (Figura 3).

Causalidad y contrafácticos: Habitualmente existe un vínculo estrecho entre enunciados causales y enunciados contrafácticos, es decir, entre “A causó B” y “si A no hubiera ocurrido, B no habría ocurrido”. Sin embargo, puede demostrarse que la verdad del enunciado contrafáctico no es ni suficiente ni necesaria para la verdad del enunciado causal (Elster, 1990). Este podría ser el caso de la Figura 3.
Cuando hablamos de mecanismos sociales, en el sentido elsteriano, debemos distinguir entre mecanismos atómicos y mecanismos moleculares.
a) Mecanismos atómicos: mecanismos concatenados. Se centran en modelos motivacionales, que básicamente pueden describirse a nivel individual y no pueden desagregarse. Corresponden, en este caso, a acciones o actitudes de personas y los antecedentes describen estados mentales individuales, intrasubjetivos.
Ejemplo: en el dilema del prisionero, el proceso de decisión (cada jugador está incentivado individualmente a traicionar al otro) lleva a resultados subóptimos, resultados no buscados individualmente.
b) Mecanismos moleculares: pueden o no estar concatenados. En este caso, los modelos se centran en las interacciones entre los agentes que los conforman. Intersubjetivo (Ibíd., p.198).
Ejemplo: La voz descrita en Salida, voz y lealtad de Hirschman (1977): el mecanismo es cómo las personas se deciden por la voz como mecanismo para afrontar determinada situación. El proceso de elección de este mecanismo es el dominante para los agentes implicados, y esto hace que evolucione el proceso.
En la mayoría de los casos encontramos una sucesión de mecanismos intra e intersubjetivos.
La explicación weberiana contempla estos aspectos, la cual podría expresarse mediante la siguiente ecuación:
M = M{m[S(M')]}
Un fenómeno social, M, debería explicarse como una función, M, de las acciones, M. Estas acciones deben ser vistas como dependientes de la situación social, S, en la que se producen, y estas situaciones sociales, en parte, deben ser vistas como dependientes de otros fenómenos sociales, M (véase Boudon (1986)). Desde esta perspectiva, se hace especialmente relevante la necesidad de especificar con detalle los mecanismos implicados, con el propósito de establecer una mayor precisión e inteligibilidad del explanans. No se trata de una simple correlación, sino de establecer una causa relacional en el proceso causal y un efecto. El explanans se centra en los agentes y la acción, siendo este el núcleo de dicha entidad. En este sentido, podemos concretar tres aspectos básicos a destacar:
1. Establecer, para la práctica científica, que la formulación de las teorías debe hacerse en términos de procesos, los cuales sean generativos de los fenómenos objeto de estudio, por lo que deben basarse en la acción para explicar el cambio social.
2. La explicación centrada en la acción y contextualizada en términos intencionales proporciona un énfasis en la comprensión de las causas de los procesos.
3. La explicación basada en la acción tiende a reducir el riesgo de error en la inferencia causal. El riesgo principal más frecuente en las tendencias a nivel macro es el de atribuir a correlaciones espurias la causa genuina (Skog, 1988; Jackson y Pettit, 1992).
Cuando se habla de mecanismo social, se hace referencia a un mecanismo en un sistema social. Todo mecanismo social es un proceso en algún sistema, que al menos es un proceso que incluye a dos agentes implicados en la formación, mantenimiento, transformación o desmantelamiento de un sistema social. Podemos identificar muchos tipos diferentes de sistemas sociales: el de la pareja, redes sociales informales, el del supermercado... Es necesario explicitar que sistema y mecanismo social son conceptos diferentes; esta distinción, en algunas ocasiones en las ciencias sociales, puede prestarse a confusión. En las ciencias naturales, la distinción suele ser sencilla de identificar, quedando claramente diferenciado el sistema cardiovascular del de la circulación de la sangre. En cambio, en ciencias sociales se puede caer en el error que puede llevar a afirmaciones como la siguiente: “la familia es el mecanismo principal de la socialización del niño”, cuando lo correcto sería señalar que “la vida familiar es el principal mecanismo de la socialización del niño” (Bunge, 1999, pp. 106-107).
Llegados a este punto, el planteamiento general del empirismo metodológico es que uno puede saber que A, B y C estaban enlazados por ciertas conexiones causales, pero nunca conoce con exactitud la naturaleza de A, B o C. En consecuencia, las investigaciones hacen avanzar los procedimientos de búsqueda, pero sus resultados no ingresan en el depósito de teoría acumulativa de las ciencias sociales (West, en Merton y Torner, 1964, p.124).
Los principios de causalidad deben cumplir, como mínimo, estos tres aspectos básicos:
1. Regularidad.
2. “Causalidad local” o “localismos”: hace referencia al hecho de que una causa siempre actúa sobre lo que está contiguo a ella, en espacio y tiempo. La acción a distancia es imposible. Las “cadenas de primer orden” (supuesto markoviano) implican que las probabilidades de transmisión dependen únicamente del estado actual. Estas cadenas conservan la causalidad local pero violan el determinismo, y estos son principios reguladores distintos. En ciencias sociales, esta característica tiene un papel más relevante en la explicación porque no se ha alcanzado el conocimiento estructural. La meta del investigador social debería ser reemplazar por causas pasadas las huellas que deja en el presente el funcionamiento de dichas causas, pero esto no siempre se puede lograr. Estas huellas generalmente se denominan “variables de estado” y ocupan una posición privilegiada en la explicación científica (Elster, 1990).
3. Asimetría temporal: hace referencia al hecho de que una causa debe preceder a su efecto o, al menos, no sucederle.
9. Aspectos centrales de las explicaciones basadas en mecanismos
Las causas y las consecuencias de las acciones individuales son la esencia del tipo de mecanismo social al que se está haciendo referencia, como expresó Popper (1994). Las acciones son las animaciones principales de lo social, sin olvidar, como remarca Weber (1949), que no debe aceptarse una agregación de correlaciones como explicación hasta que se haya desglosado en partes inteligibles de acciones individuales (véase Turner, 1983).
Las teorías de la (inter)acción social provienen de la fundamentación de la explicación, en la cual al menos deben cumplirse tres condiciones básicas:
1. debe ser psicológicamente posible y estar vinculada a la interacción con otros agentes, procurando que la acción sea lo menos abstracta posible,
2. debe ser tan simple como sea posible,
3. la explicación de la acción debe basarse en términos intencionales.
Para Coleman (1990), las teorías deben centrarse en tres tipos de componentes (ver Fig.2):
1. una acción de componentes individuales
2. unos componentes que describen la estructura de interacción
3. unos componentes vinculados a microacciones que generan resultados macros (Hedström, 2005).
El comportamiento racional de los agentes no debe centrarse necesariamente en la maximización de la utilidad, o en los estándares de la racionalidad económica, dado que también es necesario tener en cuenta las creencias, los deseos y las oportunidades de estos. En este sentido, y desde una perspectiva weberiana, el Individualismo Metodológico (IM) equivale al supuesto de que los fenómenos sociales deben ser interpretados como resultado de acciones individuales dotadas de sentido (Figura 1, flechas B y C) que, a su vez, deben explicarse en términos de aquellos estados intencionales que motivan a los agentes individuales y los llevan a una determinada acción (Figura 1, fase 2). Como modelo de intención (causal-cum-intencional), hace referencia a las acciones entre individuos que generan acciones individuales (del micro al macro, Figura 1, flecha C). Los modelos se construyen a través de las preferencias de los agentes, expresadas mediante sus acciones —nivel micro. La acción debe entenderse como el conjunto de comportamientos motivados por estados mentales “significativos” de motivos “expresados” (Gambetta, 2007; Lizón, 2007; Francisco, 1997). En el proceso que genera la acción colectiva, del micro al macro, encontramos la emergencia social (Figura 1, flecha C, fase 4). Epistemológicamente, la emergencia social hace referencia a las propiedades macro, que difícilmente pueden ser predichas a partir del conocimiento completo sobre las propiedades micro de las partes.
10. ¿Cuáles son las causas de las acciones de los agentes?
Las causas de esta acción deben poder explicarse por las Creencias, los Deseos y las Oportunidades (Davidson, 1980) (Figura 4) (Figura 1, fase 2). Las creencias son las certezas que un individuo tiene sobre una determinada cuestión, que responden a razones intersubjetivas, y los deseos son un anhelo de conseguir algo por algún medio que contemple las oportunidades. Las oportunidades describen un menú de acciones alternativas percibidas como disponibles para el agente (Figura 4).
El individualista metodológico coherente no solo tiene en cuenta las intenciones y expectativas individuales, sino que la elección, en parte, está configurada por circunstancias sociales. Pocos individuos son libres para elegir el rango social al que desean pertenecer. Si se omite la relevancia del contexto social, el modelo social resultante puede desembocar en una explicación insuficiente del fenómeno social. No puede plantearse el entorno como algo ajeno e independiente de las mentes individuales intencionales. Si el entorno debe estar presente en la mente del agente antes de que este lleve a cabo sus acciones, es importante recuperarlo, ya que pasa a formar parte de los contenidos de sus creencias y deseos. Las circunstancias externas pueden ser indicativas de estas disposiciones de base, ya que lo que realmente hacen es estimular determinadas opciones de elección y acción de los agentes dentro de unas coordenadas contextuales determinadas (Bunge, 1999, p. 94 y Lizón, 2007, p. 301). Esta disposición de base puede encontrarse en el estado mental intencional de los agentes (flecha B, Figura 1), pudiendo actuar como desencadenante de la causa de la acción.

Según esta teoría, los deseos y las creencias se enmarcarían en la categoría de procesos mentales. Si hacemos referencia a los deseos y a las oportunidades, en algunos casos tienen como causa común una variable antecedente. Los deseos, las creencias y las oportunidades pueden ser causa y también estar interconectados entre ellos (Elster, 2002).
Si se analiza el efecto desde una visión dinámica, se puede observar que el descontento con las condiciones existentes aumenta cuando las condiciones mejoran. Esto se puede identificar en situaciones en las que las oportunidades aumentan, lo que favorece que las aspiraciones personales de los agentes se incrementen más rápidamente, generando así una mayor insatisfacción. En la versión estática, el descontento es mayor cuando las condiciones son mejores. Aunque el progreso económico satisface el deseo, al mismo tiempo crea otro y lo deja insatisfecho.
La falsificación de preferencias y el cambio de preferencias pueden interactuar de diversas maneras:
a) Cuando otras personas falsifican sus preferencias, pueden provocar que cambien las mías. Puedo acabar creyendo, de manera errónea, que existe una mayoría que sostiene una determinada opinión que yo adopto después.
b) Cuando falsifico la expresión de mis preferencias en respuesta a una presión externa, puedo acabar cambiando mis preferencias en sí mismas.
La Tabla 2 muestra un catálogo de los mecanismos más destacados a nivel cognitivo, que se encuentran emparejados por colores, ya que en su mayoría cada mecanismo tiene su opuesto, como se muestra a continuación.
Las causas de la acción, la teoría DBO (Deseos, Creencias, Oportunidades) y la interacción social son una parte esencial para la explicación teórica en las ciencias sociales. Si se asume que las creencias y los deseos tienen una tendencia duradera —lo cual no los exime de ser susceptibles de cambios o variaciones— y que las acciones los afectan en menor medida, la acción será el núcleo de la interpretación en las ciencias sociales. Si se establecen buenas interrelaciones entre actitudes y creencias, estas pasan a ser modelos de interpretación entre sí (Fiske y Taylor, 1984).
Normalmente, no decidimos nuestras creencias o deseos. Las creencias y los deseos son generalmente el resultado de procesos causales que no están directamente bajo nuestro control. Las creencias son formas de tendencias “causales”, son maneras de enfocar puntos de vista individuales.
Por extensión, la acción de un actor influye en la de los demás, y esta acción está mediada por las oportunidades o estados mentales de los agentes. En términos de la Teoría DBO, en la acción del actor pueden influir los deseos, las oportunidades y/o las creencias para la acción. Por tanto, en la mayoría de las ocasiones se establece una vinculación entre lo individual y lo social.
Antes de cerrar esta reflexión, conviene destacar que el recorrido realizado no solo ha permitido revisar los fundamentos teóricos del análisis social desde una perspectiva basada en mecanismos, sino también mostrar su aplicabilidad concreta en el campo del Trabajo Social. A través de ejemplos, esquemas y conceptos clave, se ha evidenciado cómo esta mirada puede enriquecer la comprensión de los fenómenos sociales y fortalecer la práctica profesional. Con esta base, es posible plantear algunas conclusiones que orienten el futuro de la disciplina hacia una mayor claridad, rigor y capacidad transformadora.

11. Conclusiones
Este artículo ha querido mostrar que el Trabajo Social puede y debe apoyarse en herramientas científicas para entender mejor la realidad social. A pesar de que aún existe cierto escepticismo sobre si el Trabajo Social puede considerarse una ciencia, hemos visto que sí es posible aplicar métodos rigurosos sin perder de vista los valores humanos que lo caracterizan.
La propuesta de adoptar una mirada analítica —centrada en los mecanismos sociales que explican cómo y por qué ocurren ciertos fenómenos— permite descomponer situaciones complejas en elementos más simples y comprensibles. Esto no solo ayuda a entender mejor lo que pasa en la sociedad, sino que también mejora la forma en que los profesionales intervienen en ella.
A lo largo del texto se ha insistido en que las acciones de las personas no ocurren al azar, están influenciadas por lo que creen, lo que desean y las oportunidades que perciben. Comprender estos factores es clave para intervenir de forma más efectiva y con mayor sensibilidad.
En resumen, avanzar hacia un Trabajo Social más científico no significa dejar de lado la empatía o el compromiso social. Al contrario, significa dotar a la disciplina de herramientas más sólidas para comprender y transformar la realidad. Es hora de dejar atrás ciertas posturas románticas y apostar por una práctica profesional seria, crítica y bien fundamentada.
12. CONTRIBUCIONES DE AUTOREs
El autor José Antonio López Rodríguez ha realizado todas las contribuciones relacionadas con la conceptualizción, metodología, interpretación de datos y redacción del manuscrito.
13. Bibliografía
Bauman, Z. (2001). La sociedad individualizada. Madrid: Cátedra.
Boudon, R. (1981). La lógica de lo social: Introducción al análisis sociológico. Madrid: Rialp.
Boudon, R. (1983). La desigualdad de oportunidades: La movilidad social en las sociedades industriales (Vol. 58). Barcelona: Laia.
Boudon, R. (1986). Theories of social change: A critical appraisal. Cambridge: Polity Press.
Bunge, M. (1999). La relación entre la sociología y la filosofía. Madrid: Edaf.
Castells, M. (2000). The rise of the network society (Vol. 2). Oxford: Blackwell. https://doi.org/10.1002/9781444319514
Coleman, J. S. (1990). Foundations of social theory. Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press.
Davidson, D. (1980). Essays on actions and events. Oxford: Clarendon Press.
Elster, J. (1990). El cambio tecnológico: Investigaciones sobre la racionalidad y la transformación social. Barcelona: Gedisa.
Elster, J. (2002). Alquimias de la mente: La racionalidad y las emociones (Vol. 117). Barcelona: Paidós.
Elster, J. (2015). Explaining social behavior: More nuts and bolts for the social sciences (Rev. ed.). Cambridge: Cambridge University Press.
Esping-Andersen, G. (1990). The three worlds of welfare capitalism. Cambridge: Polity Press.
Fiske, S. T., & Taylor, S. E. (1984). Social cognition. New York: Random House.
Francisco, A. de. (1997). Sociología y cambio social. Barcelona: Ariel.
Gambetta, D. (2007). La mafia siciliana: El negocio de la protección privada. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Habermas, J. (1984). The theory of communicative action. London: Heinemann.
Hedström, P. (2005). Dissecting the social: On the principles of analytical sociology. Cambridge: Cambridge University Press.
Hirschman, A. O., & Suárez, E. L. (1977). Salida, voz y lealtad: Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y estados (Vol. 1). México: Fondo de Cultura Económica.
Jackson, F., & Pettit, P. (1992). Structural explanation in social theory. In K. Lennon (Ed.), Reduction, explanation, and realism (pp. 97–131). Oxford: Clarendon Press.
Kuran, T. (1995). Private truths, public lies: The social consequences of preference falsification. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Lizón Ramón, M. A. (2007). La otra sociología: Una saga de empíricos y analíticos. Barcelona: Montesinos.
Merton, R. K., y Torner, F. M. (1964). Teoría y estructura sociales. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Noguera, J. A. (2010). Teoría sociológica analítica. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.
Popper, K. R. (1994). Models, instruments, and truth: The status of the rationality principle in the social science. In The myth of the framework: In defence of science and rationality (pp. 154–184). London: Routledge.
Simmel, G. (1977). Filosofía del dinero. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.
Skog, O. J. (1988). Testing causal hypotheses about correlated trends: Pitfalls and remedies. Contemporary Drug Problems, 15, 565–607. https://doi.org/10.1177/009145098801500403
Sørensen, A. B. (1998). Theoretical mechanism and empirical study of social processes. In P. Hedström & R. Swedberg (Eds.), Social mechanisms: An analytical approach to social theory (pp. 238–266). Cambridge: Cambridge University Press.
Turner, S. (1983). Weber on action. American Sociological Review, 48, 506–519. https://doi.org/10.2307/2095238
Weber, M. (1949). Max Weber on the methodology of the social sciences. Glencoe, IL: Free Press.
Información adicional
redalyc-journal-id: 6721