Reseñas

Polarización, Crispación y Desigualdad: Tendencias Sociales que dividen la Sociedad

Book title: Polarization, Crispation and Inequality: Social Trends that Divide Society

Álvaro Elices Acero

Polarización, Crispación y Desigualdad: Tendencias Sociales que dividen la Sociedad

Ehquidad: La Revista Internacional de Políticas de Bienestar y Trabajo Social, núm. 25, pp. 337-342, 2026

Asociación Internacional de Ciencias Sociales y Trabajo Social

Jaime Óscar, Díaz Verónica, Iglesia Óscar. Editorial: Dykinson. 2024. Madrid. Editorial: Dykinson . 184pp.. 978-84-1070-517-3

Reseña realizada por Álvaro Elices Acero

Los problemas y las necesidades sociales constituyen una constante en lo que respecta a su existencia, en mayor o menor medida, en las sociedades de cualquier época, si bien la conciencia, el compromiso y el consenso que condicionan su afrontamiento no sólo varían profundamente de unos momentos a otros, sino que en circunstancias políticas como la hodierna, parecen derivar cada vez con más frecuencia en la inhibición. La polarización, la crispación y la desigualdad, simultáneamente consecuencias y factores determinantes de la fragmentación social, profundizan en este distanciamiento perceptivo y operativo y abocan a la generalización de soluciones alejadas del interés colectivo.

Publicada en 2024, la obra Polarización, Crispación y Desigualdad: Tendencias Sociales que Dividen la Sociedad comienza planteando tácitamente una cuestión inquietante: ¿cómo sostener un proyecto colectivo cuando los marcos comunes de interpretación y reconocimiento se encuentran en un aparente proceso de disolución? En un momento en el que los vínculos sociales parecen resquebrajarse, como consecuencia de las desigualdades persistentes, los discursos excluyentes y la creciente desafección política, este libro ofrece algo más que un diagnóstico: propone una mirada coral, fundamentada y comprometida sobre las múltiples formas en las que la polarización y la crispación inciden, no sólo en el plano ideológico, sino también en las experiencias vitales de la ciudadanía y, particularmente, de los colectivos más vulnerables.

Una de las principales aportaciones de la obra es, precisamente, su capacidad para entrelazar fenómenos estructurales con trayectorias personales, ofreciendo una imagen de la desigualdad que visibiliza cómo ciertos colectivos —mujeres, personas migrantes, jóvenes, etc.— soportan con mayor crudeza las consecuencias de un orden social cada vez más fragmentado. Desde una perspectiva de género, Constanza Tobío muestra cómo la interseccionalidad no es un simple agregado de variables, sino un enfoque imprescindible para comprender cómo afecta la desigualdad a las mujeres. La feminización de la pobreza, el precariado femenino o las pensiones reducidas de tantas mujeres que han dedicado su vida a cuidar de los demás, por ejemplo, constituyen síntomas de una organización estructuralmente desigual del sistema social.

Francesc Valls, en su análisis sobre polarización, pobreza y desigualdad, incide en la necesidad de no limitarse a la constatación y caracterización de estos fenómenos y trascender al cuestionamiento sobre por qué, también en contextos de prosperidad económica, las brechas sociales persisten e incluso se ensanchan. El capítulo enfatiza la pertinencia de impulsar medidas para una protección social más eficaz, justa y centrada en las necesidades reales de la población, lo que sirve para ejemplificar una de las tesis principales de la obra: las soluciones institucionales para los problemas sociales están cada vez más alejadas del interés colectivo, lo que se encuentra intensamente condicionado por las dinámicas de polarización.

Manuel Hernández aborda, en el tercer capítulo, el objeto de la polarización social en relación con el colectivo de personas migrantes. Entre otras paradojas, explica cómo estos mismos colectivos, que sostienen buena parte de la actividad productiva en la sociedad española, son sistemáticamente excluidos de los espacios de participación y representación. Se revela así otra forma de polarización: la que opera en el terreno de la pertenencia simbólica, del “nosotros” frente al “ellos”, que no se basa tanto en el debate político como en las dificultades imperantes para el reconocimiento interpersonal, la empatía y el respeto que exige la convivencia democrática.

La fragmentación simbólica, en ocasiones tan instaurada como inadvertida, aparece nuevamente en el capítulo sobre juventud y polarización de Verónica Díaz. En un contexto donde se exige a los jóvenes mayor implicación, esfuerzo y ciudadanía activa, las condiciones estructurales que condicionan el desarrollo de sus proyectos personales pueden empujarles no sólo al desencanto, sino también hacia posiciones ideológicas extremas. La precariedad vital, el descrédito institucional y la aplicación intencional de discursos que conectan con su realidad explican, en parte, el atractivo que pueden tener ciertos relatos populistas o autoritarios. El capítulo, sin caer en perspectivas eminentemente alarmistas, enfatiza la necesidad de restaurar espacios compartidos, donde el compromiso, la participación y el pensamiento crítico puedan volver a ser atractivos para las personas más jóvenes.

Este desafío, aunque en una dimensión más amplia, también es central en los capítulos dedicados a la polarización política e institucional. Pablo Oñate y Rafael Simancas subrayan cómo la polarización, más que un problema de desacuerdo ideológico, se ha convertido en una dinámica emocional que impide el reconocimiento del adversario como interlocutor legítimo y a la que es permeable la población civil. Esta “polarización afectiva” transforma el pluralismo en trincheras y el debate en una pugna moral que excluye los matices. El análisis plasmado en ambos capítulos, tan reflexivo como riguroso, refleja con meridiana claridad cómo la polarización erosiona la legitimidad institucional, la confianza ciudadana y la posibilidad misma de una conciencia común.

El capítulo de Óscar Iglesias sobre crispación, refuerza el diagnóstico practicado hasta este punto al vincular el malestar ciudadano que ésta implica con la regresión democrática. La crispación no constituye tanto un estado de ánimo personal, sino una estrategia que cada vez más y más diversos actores políticos o mediáticos utilizan para deslegitimar los consensos básicos y sostener sus intereses. El texto remite a la necesidad de una reconstrucción paciente ‒aunque decidida‒ de los espacios de deliberación pública, en especial allí donde la ciudadanía ha llegado a percibir la inexistencia de principios compartidos, horizontes comunes y posibilidad de acuerdos.

Si bien el entorno digital ha supuesto un revulsivo multisectorial para las sociedades avanzadas, también ha constituido un acelerador incuestionable de la fragmentación y la polarización social. El capítulo de Ricardo Feliu, sobre redes sociales y plataformas digitales, muestra cómo la arquitectura misma de estos espacios favorece la viralización del conflicto y la desinformación. En este sentido, la utilización espuria e interesada de los entornos digitales por algunos agentes políticos y civiles, debilita las condiciones básicas para la existencia de un discurso público basado en hechos, actitudes deliberativas y reconocimiento interpersonal. Frente a esta deriva, el autor enfatiza la importancia de impulsar políticas públicas que fortalezcan la educación mediática y regulen éticamente los nuevos entornos digitales, con especial atención al uso de la inteligencia artificial.

Finalmente, Óscar Jaime aborda el punto final y más inquietante de este proceso: la violencia, y muy especialmente, su proliferación como forma de relación política. Ésta, en todo caso, está vinculada con la consideración de otras personas no solo como diferentes, sino también como enemigas, y tiene una especial incidencia cuando las instituciones son percibidas como ajenas o fallidas, intensificándose el riesgo de que la violencia simbólica se traduzca en violencia real. Este capítulo cierra la obra advirtiendo de la necesidad de abordar la polarización desde una ética del cuidado colectivo, evitando así que la violencia adquiera un carácter estructural en las relaciones políticas y ciudadanas.

En su conjunto, la obra analiza a través de sus nueve capítulos buena parte de la génesis, los rasgos característicos y las consecuencias de la polarización, la crispación y la desigualdad en la sociedad española actual, tanto en relación con distintos colectivos vulnerabilizados como con las instituciones y la gobernanza. Asimismo, el trabajo logra vincular conceptos complejos como los de interseccionalidad o pobreza subjetiva y el concepto de polarización ‒habitualmente reducido a su dimensión política‒, mientras que no se limita a ofrecer una imagen descriptiva de la realidad social e identifica áreas de mejora y propuestas de cambio fundamentadas, adquiriendo así un carácter pragmático.

En definitiva, se trata de una obra que, como consecuencia de la transversalidad y la relevancia de sus contenidos para la comprensión del panorama social, económico y político de la sociedad española actual, ostenta un gran potencial como referencia básica en la variedad de programas universitarios de las ciencias sociales y, muy especialmente, en la formación de profesionales del Trabajo Social y en la fundamentación de investigaciones desarrolladas desde este ámbito de conocimiento. Esta dimensión académica, sin embargo, no debe eclipsar el enorme interés de la obra para cualquier persona que desee encontrar algunos de los argumentos necesarios para responder a las preguntas que, como ciudadanos y ciudadanas, nos interpelan día a día y de forma cada vez más intensa.

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